Antes, yo te buscaba en tus confines que lindan con la tarde y la llanura, y en la verja que guarda una frescura antigua de cedrones y jazmines.
En la memoria de Palermo estabas, en su mitología de un pasado
de baraja y puñal y en el dorado, bronce de las inútiles aldabas,
con su mano y sortija. Te sentía en los patios del Sur y en la creciente sombra que desdibuja lentamente su larga recta, al declinar el día.
Ahora estás en mí. Eres mi vaga suerte, esas cosas que la muerte apaga.

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